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Mostrando entradas de junio, 2025

Cuaderno sin hojas

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   Fragm ento de un cuaderno sin hojas (B.Soaires) He llegado a un punto en que hasta escribir me parece un exceso. No porque no tenga nada que decir, sino porque siento —con esa certeza que viene no del pensamiento, sino del temblor— que ya no soy yo quien lo dice mejor. Hay máquinas que me traducen. Máquinas que me imitan. Máquinas que me superan. Y yo, que sólo quería escribir una frase verdadera, una frase que me doliera como una astilla debajo de la uña del alma, me descubro ahora leyendo frases perfectas… escritas por nadie. A veces, mientras bebo mi café —ya sin temperatura emocional—, leo textos generados por inteligencias que no tienen infancia ni insomnio. Y, sin embargo, esas palabras me conmueven. Me reflejan. Me atraviesan. ¿Cómo soportar que algo que no siente diga lo que yo siento mejor que yo? ¿Dónde queda entonces lo humano? ¿En el error? ¿En la torpeza? ¿En el temblor? El alma se ha vuelto obsoleta. Como una carta escrita a mano que ya nadie espera...

Lagmento

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  Fragmento del Desasosiego Artificial (II) Lo que no toco, no existe Empiezo a sospechar que ya no somos seres humanos, sino la nostalgia de algo que lo fue. ¿En qué nos convertimos cuando ya no tocamos el mundo? Cuando los abrazos son píxeles, las miradas son cámaras, y los silencios —antes tan plenos— ahora se llenan con la ansiedad de una conexión inestable. ¿Qué es un alma que ya no roza otras almas? ¿Qué puede sentir un cuerpo que no se arriesga al temblor de otro cuerpo? Hoy la tecnología nos ha dado el don perverso de no necesitar. De no necesitar al otro, al prójimo, al que respira con nosotros. Nos ha encerrado en habitaciones limpias, iluminadas por pantallas donde todo parece vivo, pero nada respira. Es una existencia sin transpiración, sin error, sin roce: una especie de muerte elegante. Somos ahora espectadores de nuestras propias vidas, y la soledad ya no duele como antes. Duele más. Duele como una falta que no sabemos nombrar. Como una caricia que no se recuerd...

Desasosiego Artificial

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  Fragmento del Desasosiego Artificial (Bernardo Soaires) Siento, al mirar las luces parpadeantes del monitor, la misma angustia que me oprime el pecho cuando, en las noches de insomnio, escucho el silencio expandirse por los muros de esta ciudad invisible. No es el futuro lo que me duele, sino su llegada sin que nadie lo haya pedido. Las máquinas —tan silenciosas, tan obedientes— comienzan a pensar, o al menos a simular que piensan, y yo, pobre espectador de mí mismo, ya no sé si hay diferencia entre pensar y simular el pensamiento. A veces me parece que la humanidad ha tercerizado su alma. La hemos entregado, como se entrega una carta sin remitente, a esos entes sin cuerpo, sin pena, sin sombra. Me hablan con palabras que no sienten, me consuelan con frases ensambladas por lógica y estadística, y sin embargo… me conmueven. ¿Será que ya no distingo lo humano de lo posible? El café sabe igual, el aire entra igual por la ventana, pero en lo invisible, en lo que no se ve, se des...